Uno de los estudios sociológicos clásicos
que ha estudiado la relación entre el individuo y la sociedad es el
análisis del suicidio que hizo Durkheim (publicado originalmente en
1897) Aunque los seres humanos se vean a sí mismos como individuos que
actúan por su propia voluntad y elección, con frecuencia es la sociedad
la que conforma sus comportamientos y la que loes ofrece un modelo. El
estudio de Durkheim mostraba que incluso un acto tan personal como el
suicidio se ve influido por el mundo social.
Antes
del estudio de Durkheim ya se habían llevado a cabo investigaciones
sobre el suicidio, pero él fue el primero que insistió en que había que
darle una explicación sociológica. Los escritores anteriores habían
reconocido la influencia de los factores sociales sobre el fenómeno,
pero las explicaciones que habían dado al hecho de que un individuo
fuera más o menos proclive a suicidarse se habían centrado en
consideraciones raciales, climáticas o en otras relacionadas con
problemas mentales. Sin embargo, según Durkheim, el suicido era un
hecho social que sólo podía explicarse mediante otros hechos sociales.
No era sólo la suma de una serie de actos individuales: era un fenómeno
en el que aparecían ciertas pautas.
Al
examinar las cifras de suicidio oficiales en Francia, el autor se dio
cuenta de que ciertos tipos de personas eran más proclives a suicidarse
que otras: Había más hombres que mujeres, más protestantes que
católicos, más ricos que pobres y más entre las personas solteras que
las casadas. Durkheim también percibió que los índices de suicidio
solían ser menores en tiempos de guerra y mayores en las épocas de
cambio económico y de inestabilidad. Estos hallazgos llevaron a
Durkheim a la conclusión de que hay fuerzas sociales fuera del individuo
que influyen en el número de suicidios. Relacionó su explicación con
la idea de solidaridad social y con dos tipos de vínculos sociales: la
integración social y la regulación social. El autor creía que era menos
probable que se quitaran la vida las personas que estaban muy
integradas en grupos sociales y cuyos deseos y aspiraciones se hallaban
regulados por normas sociales. Identificó cuatro tipos de suicidio,
según la presencia o ausencia relativa de la integración y la
regulación:
En los suicidios egoístas
lo definitorio es la escasa integración social. Tienen lugar cuando un
individuo está aislado o cuando sus vínculos con un grupo se debilitan o
se rompen. Por ejemplo, el escaso número de suicidios entre los
católicos podría explicarse a partir de la fuerza de su comunidad
social, mientras que la libertad personal y moral de los protestantes
conlleva que "estén solos" ante Dios. El matrimonio protege del
suicidio al integrar al individuo en una relación social estable,
mientras que las personas solteras siguen estando más aisladas dentro de
la sociedad. Según Durkheim, el menor número de suicidios en tiempo de
guerra puede interpretarse como un signo de la mayor integración social.
El suicidio anónimo
se produce por falta de regulación social. Con esto, Durkheim se
refería a las condiciones sociales de la anomia, situación en que las
personas se quedan "sin normas" debido a un rápido cambio en la sociedad
o a la inestabilidad de ésta. La pérdida de un punto fijo de
referencia para las normas o deseos -como la que se da en épocas de
convulsiones económicas o de conflictos íntimos como un divorcio- puede
alterar el equilibrio entre las circunstancias de una persona y sus
deseos.
El suicidio altruísta
tiene lugar cuando un individuo está "demasiado integrado" -los
vínculos sociales son demasiado fuertes- y valora más a la sociedad que
a sí mismo. En este caso, el suicidio se convierte en un sacrificio que
se realiza en beneficio de "un bien superior". Los kamikazes japoneses o
los "hombres bomba" islámicos son ejemplos de este tipo de suicidio.
Para Durkheim, éste era característico de sociedades tradicionales en
las que predomina la solidaridad mecánica.
El último suicidio es el fatalista.
Aunque Durkhim lo consideraba de poca importancia en su época, creía
que se originaba cuando un individuo está excesivamente regulado por la
sociedad. La opresión del individuo produce un sentimiento de
impotencia ante el destino o la sociedad.
Los
índices de suicidio varían de una sociedad a otra, pero, a lo largo del
tiempo, presentan pautas regulares dentro de cada una de ellas. Para
Durkheim, esto era una prueba de que existen fuerzas sociales coherentes
que influyen en el número de suicidios. Si se analiza este índice, se
comprobará que en las acciones individuales se pueden detectar pautas
sociales generales.
Desde
la publicación de El suicidio, se han hecho muchas objeciones a este
estudio, relacionadas sobre todo con el uso que hace Durkheim de las
estadísticas oficiales, su rechazo a las influencias no sociales que
afectan al suicidio y su insistencia en clasificar todas las clases de
suicidio juntas. No obstante, el estudio sigue siendo un clásico y su
propuesta fundamental se mantiene vigente: incluso un acto que parece
tan personal como el suicidio exige una explicación sociológica.